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Guest Column |
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"Nosotros sufrimos igual que los mexicanos en EU" |
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Por Maria de Jesus Peters
Los pasajeros de este ferrocarril son hombres, mujeres y niños que caminaron más de 300 kilómetros desde el poblado de Ciudad Hidalgo, frontera con Guatemala, a esta localidad limítrofe con Oaxaca. Ahí viajaban colgadas en los aproches de los furgones las guatemaltecas Cecilia y Sofía, originarias del departamento de Xela. Las dos mujeres dejaron al cuidado de sus madres sus hijas de cuatro y ocho años de edad, para ir en busca del "sueño americano". Un día antes de subir al ferrocarril de la empresa Chiapas-Mayab una camioneta Nissan y una Van blanca, en donde viajaban seis hombres con camisas celeste y pantalón azul -al parecer empleados de migración- perseguían a un grupo de indocumentados que se escondieron en el panteón del lugar. Nadie fue detenido, a pesar del hambre y desvelo que han padecido por días, los ilegales centroamericanos lograron escapar. Al entrar en contacto con ellos, se acercan primero para pedir unas monedas y luego para denunciar abusos, atropellos y vejaciones de las autoridades mexicanas. Otros más esconden sus asustados rostros entre los matorrales secos y espinosos, el miedo a la migra y policías locales es evidente, prefieren mantenerse a la expectativa que arriesgarse a que los detengan en su cacería. Y después de unos minutos de platicar con ellos, entran en confianza y sueltan: "¡Mire, la migra y los policías no nos dejan acercarnos al pueblo, nos detienen, nos quitan el dinero, y hasta nos golpean". Otro que estaba escondido entre los matorrales dice: "Que el presidente Fox se entere lo que nos hacen a los migrantes, su gente nos hace lo mismo que Estados Unidos le hace a los mexicanos. En un pequeño rancho abandonado, que se ubica a medio kilómetro de la cabecera municipal de Arriaga, otro grupo de "sin papeles" -como se les llama en esta región del país- en su mayoría provenientes de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, señalan que desde hace tres días no comen nada. La mayoría presentan en todo su cuerpo piquetes de zancudos, y algunos se rapan debido a que sus cabezas se llenaron de piojos por dormir en potreros. Tras comprar algunos víveres y entregárselos, esta reportera pudo observar las penurias de los indocumentados centroamericanos, las cuales después del paso del huracán Stan por Chiapas se endurecieron al obligarlos a caminar 300 kilómetros para poder abordar el tren que los acercará a su sueño. Antes del fenómeno meteorológico, los indocumentados abordaban el tren en el poblado fronterizo de Ciudad Hidalgo y Tapachula, que se localiza a 45 kilómetros de la frontera con Guatemala. Huyen de la pobreza En Honduras hay mucha pobreza, no hay trabajo, el sueldo es muy poco y no alcanza para hacerse de una casita, comenta Walter Funes, quien asegura que ha sido asaltado tres veces en un solo día de camino. -¿Cuánto te quitaron? -Mil 500 pesos, eran tres personas con rifle, la primera vez fue en Tecún Umán, luego antes de llegar a Huixtla y acá en Arriga, pero ya no traía dinero. El encargado de la Casa del Migrante Jesús es Misericordioso, Elías Camacho Clemente, en entrevista, denunció que 95% de los indocumentados que arriban a esta población son despojados del poco dinero que traen y golpeados por las diversas corporaciones policiacas. "Los migrantes son tratados como animales o peor, los persiguen para quitarles su dinero... no tienen respeto hacía ellos", dice con enojo. La Casa del Migrante Jesús es Misericordioso que dirige el párroco Heyman Vázquez Medina, atiende diariamente a unos 300 indocumentados que llegan a esperar el ferrocarril, a quienes brinda hospedaje, alimentación y atención médica por tres días. "Aquí nos llegan deshidratados, con llagas en los pies, enfermos de diarrea, la garganta, temperatura, dolor de huesos, alergia y picaduras de animales venenosos", indica.
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