Por Bernardo Méndez Lugo
Respondiendo a la invitacion de Patrick Osio, editor de
Hispanicvista.com y la motivación de aportar elementos a la discusión
amplia que oportunamente realiza el equipo de colaboradores de
Hispanicvista.com, envio para su publicación en cinco partes, mis
reflexiones de media vida dedicada a la actividad académica
principalmente en la UAM-Xochimilco pero también en la UNAM, Universidad
de las Americas-Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de
Nicaragua-Núcleo León, Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación
en Morelia, Mexico y mis experiencias laborales como miembro del
Servicio Exterior Mexicano en Canadá y EU en el contexto del Tratado de
Libre Comercio de America del Norte y sus instituciones académicas,
colegios profesionales y organizaciones empresariales.
Considero un privilegio poder establecer un diálogo abierto con los
lectores de Hispanicvista.com y aportar mi granito de arena en este
momento crucial y complejo para las universidades mexicanas frente a los
retos de la globalización, privatización y escasez de recursos.
Con el objeto de entender la dinámica actual de las negociaciones
trinacionales de acreditación, certificación y homologación de
profesiones en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del
Norte es pertinente hacer un recuento histórico de las reuniones
académicas trinacionales que se inician a principios de los años noventa
y evaluar las dificultades y obstáculos en los avances de acuerdos. Las
diferencias de prioridades y paradigmas así como el proteccionismo de
los profesionistas de EU y Canadá son aspectos a considerar en el curso
de las negociaciones y acercamientos actuales de las universidades
mexicanas con sus homólogos de Norteamérica.(Dos sitios de internet
claves para seguir de cerca esta relación trinacional son:
www.conahec.org y
www.elnet.org)
Las discusiones de la Conferencia Trinacional sobre globalización de la
educación superior celebrada en Cancún, México, durante mayo de 1994,
significaron un avance para trazar escenarios de mayor integración en
América del Norte y sus implicaciones en el ejercicio profesional, no
sólo a nivel de un país, sino las dimensiones del cambio de la práctica
profesional y los criterios de calidad a partir de un nuevo entorno
regional que abarca a Canadá, EUA y México.
Si bien es cierto que esta fue la primera reunion sobre profesiones
realizada después de la entrada en vigor del Tratado Trilateral de Libre
Comercio, vale la pena apuntar que ya se habían realizado importantes
contactos y diálogos fructíferos, que han contribuido a un mayor
entendimiento y conocimiento mutuo de las realidades educativas y
ejercicio profesional en los tres países.
Un antecedente básico es la Conferencia de Wingspread, Wisconsin
celebrada en septiembre de 1992 que se denominó "Conferencia sobre la
Cooperación en Educación Superior en América del Norte: identificación
de la agenda de actividades". En esta conferencia pionera no sólo se
definen las actividades sino se formaliza la integración de un grupo de
trabajo trilateral.
De las recomendaciones surgidas de dicha Conferencia, destacan para los
objetivos de largo plazo, la recomendación para desarrollar proyectos
pilotos de colaboración donde ya exista un fuerte interés mutuo, tales
como las disciplinas directamente relacionadas con la administración de
nuestras relaciones comerciales ya en evolución; desarrollo sostenido;
la salud pública; estudios extensos de la zona norteamericana y
capacitación en los idiomas de la región.
Un año después, en septiembre de 1993 se celebró en Vancouver, Canadá,
una reunión derivada de la que se efectuó en Wingspread, el título de
este Nuevo encuentro fue "Simposium Internacional sobre Educación
Superior y alianzas estratégicas: el reto de la competitividad mundial
desde una perspective norteamericana". Las iniciativas trilaterales de
este Simposium revelan ya un avance significativo en la perspectiva del
bloque comercial, asumiendo que las fortalezas y debilidades de la
educación superior en la región norteamericana son tareas colectivas e
implican coordinación y cooperación intensa de los tres países.
Sin embargo, desde la perspectiva mexicana vale la pena recalcar y
puntualizar algunas preocupaciones que desde la reunión de Wingspread
expresara Mario Ojeda, presidente de El Colegio de México en ese
entonces; y dos coautores (académicos de Quebec y Estados Unidos,
respectivamente). Compartimos la idea de que el conocimiento mutuo puede
aumentar las posibilidades para la cooperación y coincidimos con Mario
Ojeda en el planteamiento de que "no se trata de minimizar la
importancia de las diferencias sociales y culturales, sino de
entenderlas".
Cada uno de nuestros países tiene su propia tradición y patrimonio
cultural y le interesa preservar su identidad y transmitirla a sus
generaciones futuras.No se trata de homogeneizar sino interactuar,
ampliar los lazos de cooperación y que no existan obstáculos a la libre
circulación del conocimiento y el avance científico-tecnológico.
La situación y funcionamiento de la educación superior mexicana es de
gran diversidad y mantiene diferencias significativas de una región a
otra e inclusive en una misma ciudad o al interior de una misma
Universidad pueden existir carreras muy consolidadas y profesiones
emergentes que no han alcanzado a definir con eficacia sus contenidos y
la inserción laboral de sus egresados.
Esta heterogeneidad estructural y operativa se ha logrado disminuir a
través de la aplicación de criterios nacionales para mejorar la calidad
de la educación superior. En el caso mexicano, el papel de la Asociación
Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior (ANUIES)
para definir criterios académicos, organizativos y de gestión de las
instituciones de educación superior ha sido clave, reduciendo las
disparidades y desigualdades entre las universidades y tecnológicos en
toda la República Mexicana.
Asimismo, el papel de la Secretaría de Educación Pública (SEP) a través
de la Subsecretaría de Educación Superior ha logrado definir nuevos
terminus en la relación respetuosa con las instituciones de educación
superior sin violentar o vulnerar la
autonomía universitaria que es una garantía constitucional para que las
universidades decidan sus formas de gobierno, su estructura interna y
sus prioridades en investigación, docencia y difusión de la cultura.
Estos aspectos normativos y constitucionales son de gran significación
para comprender la dinámica del gobierno federal mexicano y el de los
gobiernos estatales en sus relaciones con las universidades. No se trata
de conservar viejos preceptos sino de entender el contenido de un
concepto como autonomía universitaria en su proceso histórico-político y
que se adapta a las circunstancias sociales de cada época o período del
desarrollo económico de México.
En el contexto norteamericano debe reconocerse que las asimetrías entre
las universidades de los tres países son profundas y se deriven de
patrones de desarrollo desiguales. Las diferencias entre México y los
Estados Unidos son mayores que entre México y Canadá, son aspectos
cuantitativos y cualitativos que se reflejan en la conformación de la
educación superior. No obstante, para los estadounidenses, las
relaciones culturales y educativas entre los tres países son vistas como
desequilibradas desde una perspective cuantitativa y simplemente se
propone mejorar y facilitar el flujo de estudiantes y profesores así
como incrementar el conocimiento mutuo de las realidades nacionales de
los tres países sin cuestionar de fondo las asimetrías estructurales y
cualitativas. (Véase al respecto: Philip G. Altbach, "El TLC y la
educación superior: las dimensiones cultural y educativa del tratado" en
revista Perfiles Educativos, México, CISE-UNAM, octubre-diciembre 1995,
reproducido en suplemento La Universidad en el Mundo de U2000, Crónica
de la educación superior, 4 de marzo de 1996).
De acuerdo con el investigador Hugo Aboites Aguilar, la reunión de
Wingspread introdujo como un elemento constitutivo del nuevo espacio de
conducción trinacional de la educación superior, la participación de los
intereses privados y directamente empresariales en la definición del
itinerario de integración de un solo sistema de educación superior y de
sus prioridades. En este nuevo modelo de conducción tripartito, formado
por gobierno, empresa y universidad -subraya Aboites- las instituciones
de educación superior son sólo una parte minoritaria de esa conducción y
asumen un papel fundamentalmente instrumental, ya que a ellas
corresponde, sobre todo, poner en práctica las recomendaciones generadas
en estas instancias. Véase: Hugo Aboites, "Hacia una conducción
trinacional de la educación superior" en El Cotidiano, revista de la
realidad mexicana actual, México, UAM-Azcapotzalco, num. 74,
enero-febrero 1996, pp. 18-26
Coincidimos ampliamente con la idea de Mario Ojeda y colaboradores
expresada en la reunión de Wingspread en el sentido de que la
cooperación fructifera y equilibrada entre socios desiguales requiere de
un conocimiento explícito de todas estas asimetrías.
En otras palabras, - subrayan Mario Ojeda y colaboradores- no se puede
esperar que el principio de estricta reciprocidad sea una base realista
para un esfuerzo genuino de cooperación en América del Norte. A menos
que se encuentre una nueva formula o mecanismo especial de reciprocidad
compensatoria, la cooperación académica y el intercambio cultural entre
estos tres socios comerciales no podrá llegar muy lejos. Reconocer
diferencias es un punto de partida esencial para ubicar con realismo y
objetividad las tareas conjuntas entre autoridades y académicos de los
tres países.
Sin embargo, para cierta corriente importante de investigadores
universitarios, se ha adoptado en México el modelo de conducción de la
educación superior estadounidense, un modelo donde el sector empresarial
tiene un espacio muy importante en la determinación del rumbo de la
educación superior, mediante su participación en los consejos
universitarios y en el influjo de sus fundaciones y organismos
intermedios, véase Hugo Aboites, op. cit., p. 22. Por su parte, Axel
Didriksson ha señalado que en Estados Unidos y Canadá la "universidad de
la investigación" pasa a ser una empresa de servicios, los académicos se
convierten en "agents emprendedores" y los conocimientos y valores
académicos se busca venderlos como mercancias. Véase: Axel Didriksson
"La educación superior desde la perspectiva del cambio global" en
revista Reencuentro, análisis de problemas universitarios, México DF,
UAM-Xochimilco, num 13, noviembre de 1994, pp. 32-39
A pesar de las presiones estadounidenses, Canadá ha tenido una posición
muy clara y sólida en la protección de su patrimonio cultural. Desde las
negociaciones bilaterales con Estados Unidos, los canadienses lograron
preservar reglas para controlar el contenido de radio y televisión y
favorecer la producción local, prerrogativas para vigilar todas las
inversiones extranjeras en las industrias culturales incluyendo desde
prensa e industria editorial hasta industria disquera, radial, video y
televisión. Además, Canadá pudo preservar un abanico amplio de tarifas
postales para revistas y publicaciones de acuerdo con su origen. Como
concesiones otorgadas por Canadá, se eliminaron aranceles para productos
culturales importados y se adoptaron medidas para proteger los derechos
de autor de los propietarios de programas televisivos.(1)
En el terreno específico de la temática de la Conferencia de Cancún, se
tiene un importante antecedente del encuentro celebrado en Tucson,
Arizona en enero de 1993 donde se abordó la globalización de la
educación superior y las profesiones, hacienda énfasis en la movilidad
de estudiantes, profesores y profesionales. En Cancún se recogieron los
frutos de las tres reuniones anteriores, además, de infinidad de
consultas entre asociaciones profesionales de los tres países y la
comunicación estrecha entre el Centro para el Aseguramiento de la
Calidad en Educación Internacional de los Estados Unidos, el Consejo
Federal de Profesiones de Canadá y las direcciones generales de
Educación Superior y Profesiones de la SEP de México.
En noviembre de 1993, durante la reunión preparatoria efectuada en
Cocoyoc, México, se discutieron y afinaron los propósitos de la
Conferencia de Cancún, se avanzó en el establecimiento de bases
conceptuales comunes alrededor de los temas centrales del encuentro que
son la calidad profesional y el acreditamiento.
Debe subrayarse que el acreditamiento, más que un procedimiento para la
certificación individual de destrezas y de conocimientos, tiende
actualmente a ser considerado como el resultado de un proceso de
evaluación que permite medir calidad, sea de un programa de estudios (lo
que se denomina en Estados Unidos acreditación especializada) o de una
institución (lo que se llama acreditación institucional) Es decir,
representa un mecanismo para, mediante una apreciación del grado en el
cual una institución o un programa satisfacen requerimientos de calidad
internacionalmente definidos, lo cual permite corroborar su calidad o
garantizar cierta confiabilidad ante la sociedad.(2)
De igual manera, Carmen Giral, investigadora de la UAM-Xochimilco ha
señalado que la acreditación es un proceso autorregulatorio, a través
del cual se evaluan las instituciones de educación superior y sus
programas, en tanto la certificación se refiere al proceso a través del
cual asociaciones no gubernamentales (colegios profesionales) otorgan
reconocimiento únicamente a la persona que provenga de un programa o
institución acreditada.
Giral define la licenciación como el proceso por el cual una agencia de
gobierno (SEP o Salud) otorga permisos a personas que hayan alcanzado
las calificaciones predeterminadas para emplearse.(3) Es de suma
importancia que en Cancún se hayan definido 12 profesiones (inicialmente
se hablaba de 10) y debe reconocerse el esfuerzo realizado para que los
colegios y asociaciones profesionales participen y aporten sus
experiencias a través de cada uno de los representantes por profesión.
Un punto de interés en el contexto actual de integración comercial es
tener claro que el concepto de globalización implica complejidad y
ambivalencia. Tenemos que definir la globalización considerando
heterogeneidades productivas y sociales en contextos de asimetría. En el
caso de México, el modo de ejercicio dominante de una profesión no es
uniforme en todo el territorio nacional.
La disminución del peso estatal derivado de las políticas de
privatización ha modificado sensiblemente el papel del sector gobierno y
paraestatal como empleador. En profesiones como las ingenierías se
observan cambios significativos hacia un mayor énfasis en el ejercicio
privado. En general, los cambios profundos del reordenamiento
privatizador y su continuidad previsible en los próximos años, implica
seguir transformando la formación profesional en México sin renunciar al
sentido crítico y social de la universidad mexicana.
Desde la perspectiva del industrial o el tecnólogo emprendedor, implica
un esfuerzo por identificar nuevos nichos de mercado, trazando la
viabilidad de las innovaciones a través de viajes de actualización y
contactos más estrechos con potenciales socios o asociados en diversas
latitudes. La propuesta dominante de buena parte de los planificadores
universitarios indica que habría que incluir en la formación profesional
calificada aquella formación que permita la inserción de los
profesionales en las estructuras organizativas de las cuales formarán
parte, y que haga posible su participación en la adaptación de las
empresas a las nuevas necesidades del entorno productivo y las nuevas
tecnologías.(4)
Sin embargo, en el caso de México y América Latina, inercias
estructurales han influido para que sus universidades confieran
prioridad a la parte moderna de sus respectivos países y regiones y
desestimen el mundo de la pobreza y la marginación. Al respecto,
Gilberto Guevara Niebla ha subrayado que la clave para lograr que las
universidades se inclinen hacia objetivos prioritarios desde el punto de
vista social no reside en simples exhortaciones morales, como lo ha
probado Carlos Muñoz Izquierdo en su seguimiento de egresados de la
Universidad Iberoamericana en la capital mexicana(5) y la evaluación
reciente que hizo Carlos Pallán en estas mismas páginas de Campus
Milenio sobre los egresados de la Iberoamericana y su alejamiento de los
paradigmas éticos de la Compañia de Jesús en su ejercicio profesional.
Lo que se requiere -indica Guevara Niebla- son estructuras académicas,
de investigación, docencia y extensión, que recuperen como objetos de
estudio los problemas productivos, de empleo, salud, vivienda, cultura
entre otros, de los más de 100 millones de latinoamericanos que viven en
situación de pobreza y vulnerabilidad social. A pesar de limitaciones y
posibles insuficiencias operativas, el Programa de Desarrollo Educativo
2000-2006 ya reconoce el énfasis de la universidades por vincularse al
sector moderno y el relativo abandono en que se tiene a los sectores
pobres de la sociedad mexicana en los programas de vinculación
universitaria, incluyendo el grueso conglomerado de micro y pequeña
empresa y la compleja red de productores del creciente sector informal.
(Estos temas los hemos abordado en el libro colectivo Micro y Pequeña
Empresa en México frente a los retos de la globalización, México,
CEMCA-Embajada de Francia, 1995 y en mi artículo "Educación Superior y
entorno socioeconómico", revista Educación 2001, México, marzo de 1996,
número 10, pp. 57-58 ).
El reto de la homologación e integración professional al proceso de
internacionalización educativa plantea escenarios de gran complejidad
para las universidades de México y América Latina ya que a diferencia de
los énfasis adaptativos de buena parte de los paradigmas en boga que dan
prioridad a la adecuación de la formación al nuevo espacio productivo
donde las nuevas tecnologías definen perfiles de ocupación y los
respectivos cambios de contenidos y practices curriculares,las
instituciones educativas de los países en desarrollo están llamadas a
atender su entorno regional inmediato.
La región como concepto y como sujeto es insoslayable, la globalización,
lejos de agotar definitivamente la región como algunos lo creen o
proponen, la revitalize como base territorial de la misma globalización.
En este sentido, la universidad -más que nunca- debe asumir que es a
partir de su capacidad de articularse con su región que podrá penetrar
en las esferas globales. De acuerdo con Hiernaux, la verdadera
eficiencia y excelencia de las universidades se norma en su capacidad de
transmitir conocimiento y generar otro en forma articulada con su región.(6)
NOTAS
1.- Para un análisis más detallado sobre la negociación canadiense de
industrias culturales, véase: Mauricio de Maria y Campos, "Las
industrias culturales y de entretenimiento en el marco de las
negociaciones del Tratado de Libre comercio" en Gilberto Guevara Niebla
Y Néstor García Canclini, La Educación y la Cultura ante el TLC, México,
Fundación Nexos-Nueva Imagen, 2a.edición, 1994. pp.235-298
2.- Silvie Didou, "La acreditación institucional y especializado en
México: una cuestión de importancia en la agenda educativa" en revista
Confluencia, México, ANUIES, febrero de 1994, pp. 8-9
3.- Véase: Primer Encuentro Internacional sobre Experiencias y
acreditación de las Profesiones, Semanario de la UAM, México, D.F., 10
de octubre de 1994, p. 8
4.- Tal es el caso de la propuesta del libro Nuevas Tecnologías, Nuevas
Profesiones, coeditado por ANUIES-México y el Institut Catala de Noves
Professions en 1995, donde se estudian las nuevas tecnologías y los
efectos que ejercen sobre las profesiones y la formación en sectores
promisorios de la actividad económica, en Cataluña y en Europa.
5.- Ponencia sobre la Universidad y su entorno presentada por Gilberto
Guevara Niebla en el Ciclo de mesas redondas sobre la cooperación
universidad-entorno. México, D.F., UAM-Xochimilco-Agencia de Cooperación
Española, 20 de septiembre de 1995.
6.- Ponencia sobre Universidad y región presentada por Daniel
Hiernaux-Nicolás en el ciclo de mesas redondas sobre la cooperación
universidad-entorno. UAM-Xochimilco, 28 de septiembre de 1995.
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